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Ante la Presidencia española de la UE: otro "pasito" en la construcción europea pero ¿en qué dirección?
En otro lugar de este boletín (Noticias del CEYDE, página 3) se desgrana el programa de trabajo y las prioridades de la inminente Presidencia española del Consejo de Ministros de la Unión Europea. Grandes retos a los que encontrar, al menos, un enfoque común durante 2010. El semestre español debería ser crucial al alojar, entre otras, la Cumbre trasatlántica (UE – EEUU) y la Cumbre ALCUE (UE, Latinoamérica y Caribe) en las que se deberá avanzar, entre otras cosas, en los acuerdos de Pittsburg.
El paquete "Cambio climático", la reactivación del comercio internacional (con o sin Doha, en el punto que estamos Doha es ya una reliquia del pasado) y la salida de la crisis mediante un acuerdo global sobre un sistema financiero con control y sin abusos tendrían que ser las prioridades absolutas de nuestro gobierno dentro de esta lista de grandes temas. Todos ellos requieren la puesta en marcha de sistemas de coordinación entre Europa y América. España debería sentirse bien situada para impulsarlos, apoyando al mismo tiempo los esfuerzos de coordinación con Asia y África para los que hay países miembros objetivamente mejor situados, aunque tengan aún lejana su presidencia de turno.
La puesta en marcha del Tratado de Lisboa (o la búsqueda de un funcionamiento alternativo si los irlandeses vuelven a rechazarlo) debería también ser una prioridad política del gobierno de Zapatero. En el primer caso porque hay un "botín"a repartir con los nombramientos de varios altos puestos en la estructura política de la Unión. Cabría esperar (condicional, siempre condicional, cuando uno habla del actual gobierno español no cabe otro tiempo verbal) que la presidencia española actuase de forma discreta pero firme para que esos puestos fuesen ocupados por personas alejadas del neoliberalismo rampante que va a volver a dirigir la Comisión europea tras la incomprensible posición de los gobiernos nominalmente socialdemócratas de Europa. Cabría esperar que algunos olvidasen incomprensibles querellas personales y apoyasen activamente a Felipe González y no a Tony Blair para el puesto de presidente del Consejo.
En el caso de que los ciudadanos de la República de Irlanda vuelvan a votar contra Lisboa, algo habrá que hacer que no sea mirar al cielo y rezar a San Tancredo... Algunas iniciativas políticas circulan ya por la red. En aplicación estricta del actual tratado, la Comisión tendrá que perder un miembro... puede –y debe– ser el irlandés... En un apoyo sin fisuras a las posiciones comunes franco-alemanas en varias materias (nuevo sistema financiero por ejemplo) España debería contribuir sin complejos a la creación de un eje Madrid-París-Berlín e impulsar las necesarias cooperaciones reforzadas (con ese u otro nombre) que podrían ser el germen de un futuro núcleo duro dentro de la actual UE. Esta continuará absolutamente paralizada en lo importante, con o sin Lisboa, por mor de la irreductible oposición del Reino Unido y algunos de los "nuevos europeos" al camino hacia la unión política.
Además de estos "asuntos prioritarios" la presidencia española deberá lidiar con otros temas que no figuran en la lista pero que no son menos importantes en lo inmediato para los ciudadanos europeos... y los españoles. Un par de ejemplos:
Tocará a la presidencia español dirigir las fases finales de varias reformas agrícolas. La de la leche es la más urgente. Es complicado legislar teniendo en cuenta al mismo tiempo los legítimos intereses de nuestros productores lácteos, los de los consumidores europeos y los compromisos políticos en el área del libre comercio con nuestros socios en el mundo, especialmente los países en desarrollo. Algunos Estados miembros han lanzado la idea de una directiva que controle los márgenes comerciales de los productos alimenticios. Esa debería ser una vía en la que España contaría con el apoyo de la presidencia siguiente (Bélgica) además del de París y Berlín. Pero hay que tener el coraje político de ponerla formalmente sobre la mesa. A esos "poderosos" a los que se refiere el Presidente del gobierno español, no les gustará nada la idea...
El semestre español puede ser decisivo para la adhesión (o no) de Islandia a la UE, vistos los denodados esfuerzos en ese sentido de la actual presidencia sueca que nunca ha ocultado su apoyo prioritario a la ampliación sin fin de la UE. La presidencia española debe mantener una posición firme en varios asuntos especialmente delicados. Debe evitar que la "solidaridad europea", casi inexistente en otros campos, se vuelque, a costa de nuestros bolsillos, en sacar "retroactivamente" a la isla de donde su irresponsable política financiera nacional la ha metido. Debe, sin ningún complejo, actuar "a la francesa" para establecer unas líneas rojas en materia de pesca y medio ambiente. Si los islandeses toman ejemplo de lo que hicieron sus primos noruegos y no quieren renunciar a la caza de la ballena, no deben entrar en el club de los 27. Si no están dispuestos a compartir su bacalao con nuestras flotas, que se lo coman ellos... pero fuera de la Unión.
No voy a entrar en otros asuntos en los que España tendrá que volcarse. Terminaré estas apresuradas líneas con un recordatorio que viene a cuento: El semestre próximo se inaugura una "nueva forma" de ejercer la presidencia. Y nos ha tocado en suerte formar la terna presidencial con Bélgica y Hungría. Bélgica es un país fundador, altamente europeísta, con amplia experiencia y cualificada diplomacia. Pero su situación política interna puede hacerla saltar en mil pedazos en julio de 2010. Los partidos flamencos ya han amenazado en ese sentido, incluyendo el "calendario de demoliciones" durante su semestre presidencial, cuando más dolería a los belgas antisecesionistas y más daño haría a Europa. En cuanto a Hungría, su estabilidad política no es mayor que la belga y es, junto con los bálticos, el país más perjudicado por el aspecto financiero de la crisis de la que están muy lejos de poder salir. En estas circunstancias, el gobierno español tendrá que hilar muy fino para buscar apoyos allá donde debe buscarlos. Sin duda encontrará posiciones muy receptivas, máxime si se tienen en cuenta las siguientes presidencias: Polonia, Dinamarca, Chipre, Irlanda, Lituania... Con o sin Lisboa, un panorama bastante desalentador.
Santiago Herrero Villa
Profesor de CEPADE
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